Blogs:
Miércoles, 01 de marzo de 2006
—¿Qué necesitás para el colegio? Decime, que le estoy escribiendo un mail a papá.
—Una goma, un lápiz... eh... una cartuchera...
—¿No te hace falta también un compás?
—Sí. Y una regla, lapicera, un cuaderno...
—Dos cuadernos, mejor. Por las dudas.
Suena el celular
—¿Hola? Sí... doctor, cómo le va... ¿Qué cosa? No, de ninguna manera... ¡Le digo que no! ¡La casa no vale eso!... Sí, lo escucho... No... Mire, yo soy la bisnieta del dueño del primer estudio de abogados en la capital federal, se imagina que mamé esto de chiquita. Algo entiendo y sé que me pueden estafar de muchas maneras... ¿me escucha, doctor?... No quiero que me pasen por encima... Sí, véalo y mañana me llama de vuelta... Hasta luego, gracias.
—¿Qué pasa, mamá?
—La verdad que tu padre se podría dejar un poco de joder.
(Escuchado, con absoluta impunidad, en un ciber de Viamonte y Rodríguez Peña)
Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (3) | Referencias (0)
Matías Pailos | 03-03-2006 02:29:20
Hay cada mina, hermano. Igual, algunos chabones se mandan las mil y una y cuando tienen hijos, son unos santos bárbaros... ¿y cómo te olvidás lo que te hizo y lastimó el zángano ese?
Así se puede explicar también la actitud de la mina... claro... explicar... pero explicar y no justificar.
Además el pibe... pobre pibe, ¿no?
Funes | 03-03-2006 14:51:22
Quién sabe. Lo que me interesaba, en realidad, era cómo detrás de esa conversación tan breve (sucedió tal cual la transcribí) se podía adivinar toda una historia detrás. Y que todos los que estábamos ahí fueramos testigos tan involuntariamente. Y que la historia fuera tan compleja y a la vez tan elemental. Parecía, sí, la escenificación de un cuento de Carver hasta en algunos detalles, como el tatuaje ya casi borrado que llevaba la mujer en uno de sus hombros.
Dragón del mar | 03-03-2006 16:24:44