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Dragón del Mar

Viernes, 17 de febrero de 2006

Villa Ballester

Faulkner extrajo, de sus vivencias de la infancia, las impresiones que se transformarían años después en su Yoknapatawpha. Otro tanto hicieron García Márquez en su Macondo y Onetti con Santa María. Roberto Bolaño, chileno errante, transformó el desierto de Sonora en el territorio mítico de Los Detectives Salvajes y de 2666. Más cerca, Fabián Casas es Boedo, Cucurto es de Constitución y Terranova es de Caballito. La infancia, la adolescencia, suelen ser los territorios más fecundos en la vida de un escritor, allí donde uno busca y encuentra inspiración. Lo cual me pone, salvando las enormes distancias, en una situación acaso un poco complicada porque yo crecí en Villa Ballester.



—Eso es en el culo del mundo —comentan mis amigos porteños cada vez que les cuento acerca de mi lugar de origen.
Villa Ballester queda en el partido de San Martín, provincia de Buenos Aires, a unos veinte kilómetros de la capital. La vía de tren que atraviesa Ballester es la del Mitre, el ramal que llega hasta José León Suárez, dos estaciones más adelante, una localidad famosa por la villa de emergencia La Cárcova y los fusilamientos que relata Rodolfo Walsh en Operación Masacre. Cuando leí el libro, hace doce o trece años, no podía creer que esos episodios hubieran tenido lugar tan cerca de mi casa. Nada relevante, y mucho menos un episodio de violencia de tales características, ocurría en Villa Ballester y sus alrededores. Hoy suceden cosas peores o igual de dramáticas que aquella. Pero en el medio el país cambió y —sobre todo— yo perdí la ingenuidad.
En Ballester hay una comunidad alemana importante y eso también tiene relación con mi historia. Mi familia materna es de ese origen y mi abuelo fue, durante muchos años, presidente de un pequeño club alemán de la zona. A falta de uno, la colectividad tiene dos colegios en Villa Ballester. Desde el jardín de infantes hasta el secundario yo fui alumno de uno de ellos, donde mi vieja aún trabaja como profesora de alemán. En los últimos años, a medida que la sensación de inseguridad iba en aumento, la gente se fue dispersando. Hoy en día es fácil encontrarse con antiguos vecinos de Villa Ballester viviendo en Villa General Belgrano, Córdoba, o en la ciudad de Bariloche. En el fragor de los años noventa otros se mudaron a Olivos o San Isidro, pero ésa es otra historia.
Ballester albergaba, indudablemente, todos los condimentos que hacen a la infancia un lugar atractivo para habitar: una casa embrujada, un club con varias piletas de natación, heladerías, videoclubes y una librería atendida por un viejo que leía a Jauretche y a Jardiel Poncela. Nunca fue una localidad, digamos, pujante, pero tampoco tenía mucho que envidiarle a las localidades vecinas. Sus calles y edificios ostentaban algo de modernidad en el apuro, como si nadie estuviera del todo convencido de en qué dirección quedaba el progreso, pero hacia allá iban de todas formas.
La oscuridad de Ballester no radicaba en sus fantasmas, por todos bien conocidos, sino en el pasado de algunos de sus habitantes llegados a la Argentina hacia fines de la Segunda Guerra Mundial. En muchos casos, si bien no en todos, su descendencia no ha hecho progresos importantes en lo que a ideología se refiere. Ese hombre que atendía el almacén y me regalaba chupetines de vez en cuando, había sido miembro de las SS muchos años atrás. Cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo, hablaba acerca de las bondades del régimen nacionalsocialista. Mi vecino de al lado, un ex marino del Graf Spee, salió a decir en uno de los programas de Juan Castro acerca del nazismo en la Argentina que "era mentira lo de los campos de concentración". Pocos días después, su mujer envenenó a mi gato porque se trepaba por las paredes e invadía su jardín. No fueron los únicos: había muchos más. Parecían eternos, como si fueran parte del paisaje. Tipos que, en otro lugar y en otras circunstancias, no hubieran dudado en mandarte a matar.
A pesar de todo estoy en paz con Villa Ballester. Yo no elegí nacer ahí. La primera percepción —todo un descubrimiento, a cierta edad— fue que los lugares tienen movimiento. Las cosas cambian, la gente se muere y otros vienen a ocupar su territorio. Eso que parecía estático en realidad no lo es. La segunda percepción, más definitiva, fue que ese movimiento genera nostalgia, reflexión y algunas resistencias. Pero para entonces yo ya no estaba ahí.

Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (12) | Referencias (0)

Comentarios

bueno! a las viejas matagatos hay que darles con aerosol en las paredes

paula | 17-02-2006 15:02:57

wao!!! me gusta mucho tu blog y el trabajo que estas haciendo con el, sigue asi, felicidades!!!!!

principe mestizo | 17-02-2006 15:43:44

paula: es verdad, debí haberlo hecho...

príncipe: muchas gracias! dése una vuelta cada tanto por acá

Dragón del mar | 17-02-2006 16:17:35

Esos barrios porteños mencionados son todas imposturas de medio pelo. Ninguno de ellos se atrevería a derivar por los anocheceres en las callejuelas del Doke.

bardamu | 18-02-2006 14:34:13

En mi barrio lo único que parece tener movimiento son las hojas de los árboles que caen en otoño y estallan en primavera, pero debo decirte, hermoso dragón del mar, que a diferencia de lo que te pasa a vos, lo que me genera nostalgia a mí es, justamente, el no movimiento, los mismos vecinos de siempre que van envejeciendo en el barrio mientras todo lo demás pasa

Luciana | 08-03-2006 18:05:11

Querida Lu: me parece que, en el fondo, son dos maneras antagónicas de decir lo mismo. La diferencia es que yo no podría haberlo dicho tan bien.

Dragón del Mar | 08-03-2006 20:12:52

Hola soy santiago de ballester y quieo decir que el texto leido es simplemente hermoso a pesar de que en mi familia son todos alemanes y creo que el dia que me valla de aca sentire lo mismo igal amo ballester suerte santi3d@hotmail.com

Santiago | 14-03-2006 17:50:28

Hola Santiago, compatriota! Me alegro de que te haya gustado el texto. Yo también quiero a Ballester -no podría no hacerlo, es una parte de mí mismo-, pero creo que lo hago como uno quiere a una antigua novia que te engañó pero que también te dio momentos felices, a la que nunca podés dejar de recordar. Gracias por comentar y dale mis saludos al barrio.

Dragón del Mar | 14-03-2006 18:22:54

Hola!!! Soy gonzalo y he nacido y vivido hasta hace 5 años en Ballester, hasta que me vine a vivir a madrid pero no he podido volver desde aquellos años, por eso quiza me conmueve tanto encontrar a la distancia sentimientos he imagennes que descubro compartidos. Espero seguir viviendo momentitos de nuestra villa a traves de tu ventana (blog). Gracias y un abrazo fuerte desde el otro lado del charco!!!

GONZALO LISIARDI | 24-03-2006 16:57:55

Gracias, Gonzalo, suerte por allá y un abrazo grande a vos también!

Dragón del mar | 28-03-2006 17:10:30

Muy buena narracion sobre Villa Ballester, yo naci, creci y ahora me case y sigo elijendo Ballester para vivir.
Un abrazo.

Leo | 24-09-2007 22:31:29

Te agradezco la descripcion que haces de ballester yo vivi practicamente toda mi vida alli, luego me fui a España y hace 3 año regrese a Argentina y la verdad no encontre el Ballester que recordaba.
Gracias por volver a hacerme vivir un monton de recuerdos que estaban guardados en algun lugar de la memoria

Rodrigo Lisiardi | 31-10-2008 10:18:21

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