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Dragón del Mar

Jueves, 16 de febrero de 2006

El complot

Un joven poeta sostiene la teoría de que Kurt Cobain no sólo no murió, sino que ni siquiera existió tal y como lo conocimos. Tras una ardua investigación en Internet identificó la imagen de Cobain con la de Derek Finnegan, un actor venido a menos que hoy en día se dedicaría a regentear un prostíbulo en un pequeño pueblo al oeste de Texas. Le envió numerosos mails e incluso intentó ponerse en contacto con él telefónicamente, pero sin resultados. El silencio de Finnegan no hizo más que convencerlo de que su hipótesis es acertada.
El joven poeta arguye confusas razones para esta impostura. Por un lado estaría una supuesta necesidad de la administración Bush por desviar la atención de la Guerra del Golfo. Por otro lado, vagamente, argumenta acerca del efecto narcotizante que provocaría el suicidio de un ídolo depresivo y carente de ideales en las jóvenes generaciones. En cualquier caso el complot le resulta claro y evidente. En un blog de Estados Unidos, descubre indicios que le hacen pensar que los verdaderos músicos de Nirvana eran agentes de la Cia reclutados por sus conocimientos —elementales, claro está— de los instrumentos que interpretaban. De ahí el sonido desprolijo y sucio del grunge. Tanto Cobain como el resto de la banda serían tan solo las caras visibles del proyecto, actores contratados que desde el primer momento conocían a la perfección su papel y el final de la historia. Se instalaron en Seattle como podrían haberlo hecho en cualquier otro lugar y así comenzó todo: los hits, las emisiones de Mtv solventadas por el gobierno norteamericano, las declaraciones suicidas de Cobain. Finnegan, un joven actor que había sido sistemáticamente rechazado por las grandes productoras de Hollywood, vivió su momento de gloria. Él interpretaba su papel de estrella de rock pero las groupies, los fans, el éxito, fueron de una pavorosa realidad. Su suicidio estaba planificado en el guión para el lanzamiento del disco Incesticide, pero debió ser postergado a causa de la negativa de Finnegan a abandonar su papel. Por medio de promesas, amenazas y métodos muy poco ortodoxos pero bien conocidos por los agentes de la Cia, fue forzado a simular el suicidio dos años después. Desde entonces, cirugía estética mediante, invirtió parte del dinero cosechado durante aquellos años en un prostíbulo ubicado en su pueblo natal. Es evidente, según el joven poeta, que la Cia lo obligó a firmar documentos que lo comprometen a no revelar jamás su particular experiencia.
Durante su adolescencia el joven poeta fue un fanático fervoroso de Nirvana. Actualmente considera que nadie interpretó mejor que Cobain —o, mejor dicho, Derek Finnegan— la angustia que lo invadía entonces. Pegarse un tiro, el remate final de la historia, se transformó en una obsesión que amenazó con desbordarlo y lo condujo a través de los para él todavía desconocidos laberintos de Rimbaud, Artaud y el romanticismo, que marcaron a fuego su poesía posterior.
Pero eso fue hace mucho tiempo. Ahora sólo piensa en Finnegan, en Derek Finnegan y en el cielo de Seattle por la tarde, donde las personas pasan como espuma, el pasado huele como los fantasmas y los muertos se suicidan para vivir. Entonces se sienta frente a la máquina y escribe la historia que es también su propia biografía, una trama que acaso no sea real.

Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

wow... excelente relato... una "verdadera" micro-ficcion

Saludos

Newton | 16-02-2006 15:16:45

Muchas gracias, Newton, esperamos verlo seguido por acá!

Dragón del mar | 16-02-2006 15:30:57

Ups! Tremenda investigación la del joven poeta. A mí me ocurrieron algunas cosas determinantes para mi vida la noche que murió Kurt Cobain y ahora, con esto, me he quedado rara...

Barbarita | 16-02-2006 20:52:19

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