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Dragón del Mar

Lunes, 13 de febrero de 2006

La vuelta



La otra noche, en la biblioteca de mi novia, descubrí un ejemplar del libro Hoy temprano, de Pedro Mairal. Tenía ganas de leer algún cuento antes de irme a dormir así que me lo llevé. No había leído nada de Mairal excepto alguna que otra entrevista y me despertaba cierta curiosidad. Pero era tarde y tenía sueño, así que elegí uno de los cuentos más breves: “La vuelta”.
Mairal relata un amor de verano entre Belén, una chica de Barrio Norte, y el Indio, un pibe de clase media que se dedica a hacer body painting en la playa. No hay otra cosa y no le hace falta más. La historia es convencional pero la narración tiene momentos de una sutileza poco frecuente. Sobre todo en el relato de la vuelta de las vacaciones propiamente dicha, esa sensación de “regreso” que se siente hasta en la boca del estómago:

“—(...) ¿Sabés lo que me pone mal? ¿Viste cuando volvés de las vacaciones y llegás a tu casa y está todo muy silencioso y abrís la canilla y sale el agua marrón, como oxidada?
—Sí —dijo él—. Prendés la tele y ves los cadáveres de los accidentes en la ruta, los autos chocados, el número de muertos. Odio la tele cuando vuelvo de vacaciones.
—Sí, yo también —dijo ella y los dos miraron por la ventana el paisaje que se iba urbanizando de a poco, las casas chatas entre las calles de tierra, las gomerías.
—¿Todo febrero tenés que atender el kiosko de tu mamá?
—Sí.
—¿Y Bellas Artes cuándo empieza?
—En marzo.
—Vas a estar re cerca de casa —dijo ella.
—¿Dónde era que vivías?
—En Montevideo y Arenales.
—Ah, pero este año yo curso en La Cárcova, en Costanera Sur —dijo él.
—Ah, sí, una vez vi una copia del David ahí. Me llevó mi papá cuando era chica.
Pasaron un peaje. Desde la autopista, vieron una estación de energía eléctrica, una villa miseria, un basural, y empezaron a entrar en Buenos Aires.”

Nada más. Pero después de haberlo leído, me fui contento a dormir.

Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Creo que el regreso de las vacaciones tiene para cada una de las personas una clave de disgusto, para Belén el agua marrón, para el Indio la TV y para mí, para mí en cambio, cruzar puente saavedra es la clave del disgusto y la confirmación del final de las vacaciones, puente saavedra, a veinte cuadras de mi casa se me acerca como nunca antes cuando durante el resto del año me es ajeno, un puente, una zona.
Por otra parte, creo también que la vuelta de las vacaciones tiene claves agradables. A mí me gusta llegar a mi casa y ver la penumbra de las persianas bajas si mi vieja sigue de vacaciones y encontrar sobre la mesa del comedor (todavía) lo que uno decidió no llevarse al final y si mi vieja está, llegar y ver las luces encendidas acompañadas del olor de la comida y la espalda de mi abuelita que espera verme, son cosas que me llenan de alegría.

Luciana | 13-02-2006 14:11:24

Claro, esa frontera de las vacaciones es siempre imprecisa y en todo caso, absolutamente individual. ¿Dónde y cuándo se terminan? Los objetos que uno dejó sobre la mesa en el apuro de la partida, los puentes, las gomerías a un costado de la ruta... La sensación a mí tampoco me resulta desagradable, quizás por su ausencia de dramatismo, por la facilidad con la que uno llega a casa y deja las vacaciones -y los amores de verano, como el de Belén y el Indio- atrás.

Dragón del mar | 13-02-2006 14:19:21

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