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Dragón del Mar

Viernes, 10 de febrero de 2006

Búsqueda laboral

Años noventa. Playmobil y yo nos asociamos para salir a buscar trabajo. Los clasificados del Clarín son nuestra referencia y este post, años después, nuestra bitácora. Tenemos veinte, veintiuno, y hace poco terminamos de cursar Filosofía Medieval. Leemos mucho pero hablamos poco de nuestras lecturas y mucho de mujeres, viajes, cosas que nos gustaría hacer y dejamos de lado, como una agenda del año pasado sin ninguna anotación. Algún día vamos a ser pobres, pensábamos los dos, pero todavía no. Falta mucho para eso y la vida es un presente que no se termina más.
Nos encontramos temprano, a las nueve. El centro es un hervidero de gente y no recuerdo por dónde empezamos. Buscamos avisos de administrativos, telemarketers, que son los que ofrece el diario a gente como nosotros, que no tenemos ninguna calificación laboral. Tiramos curriculums aquí y allá y el mediodía nos encuentra en un restaurante a una cuadra de Tribunales.
—A mí me hubiera gustado ser abogado —confiesa Playmobil.
—Yo quisiera ser actor —digo.
Pero ahí estamos los dos, buscando un empleo que nos pague cuatrocientos, quinientos pesos al mes. Sacando cuentas improbables, llegamos a la conclusión de que ahorrando la mitad, a fin de año la plata nos va a alcanzar para irnos de vacaciones a alguna parte. Yo me quiero ir a Europa solamente para escribirlo después. Como cualquiera en estos tiempos, yo tampoco soy modesto: quiero ser Rimbaud. De tan precario parezci irreal, como un zombi de una película clase zeta. Estudiar Filosofía te abre la cabeza, dicen por ahí. Tal vez sea cierto. Pero a una determinada edad te convierte en algo extravagante pero insustancial.
Después del almuerzo tomamos conciencia de que todavía no hicimos, básicamente, nada que no sea conversar acerca de nuestros fracasos con las mujeres. Entonces encontramos un aviso. Buscan telemarketers, presentarse de 10 a 16, en una oficina sobre la Avenida de Mayo. Esperá que compro cigarrillos. Hace calor. Llegamos a la puerta. ¿Entramos? Y bueno, dale, ya estamos acá. Por lo menos debe haber aire acondicionado. Tocamos el timbre, un tipo joven de aspecto informal nos abre la puerta, el aire frío nos barre a los dos. Muchos boxes con computadoras, uno al lado del otro. Gente hablando por teléfono. Pasen, dice el tipo, esperen allá. Una recepcionista nos alcanza unos formularios para completar. Datos personales y algunas preguntas al final: ¿Cuáles son tus metas en la vida? ¿Te gustaría tener un auto? ¿Cuánta plata quisieras ganar? Silencio de unos minutos.
—Che, ¿qué pusiste en tus metas de vida?
Me encojo de hombros.
—Tener una casa propia. ¿Vos?
—Lo mismo.
El sueldo básico, nos dicen, es de doscientos pesos y el resto es a comisión. Hay que vender tarjetas de crédito, teléfonos celulares, suscripciones al cable, lo que sea, lo importante es vender. Piden mentalidad proactiva, yo no sé qué es eso pero supongo que no se le parece a leer a Dostoievski, tomar una cerveza, estudiar a Kant, cosas que ocupan la mayor parte de mi realidad. Terminamos de completar los formularios donde queremos un auto, una casa, una mujer y dos hijos, además de cable y conexión a Internet, cuando nos llaman a una oficina junto con dos personas más. Uno de ellos es el tipo que nos abrió la puerta. Viste camisa arremangada y sin corbata. El otro se hamaca en su silla, fuma y nos ofrece un cigarrillo al entrar. Por las dudas le decimos que no. Los dos tienen nuestra edad o un poco más. Entonces nos cuentan. Tuvimos suerte. Aterrizamos en una de las empresas del ramo que más crecieron en los últimos años. Además es copado laburar acá. El de la camisa arremangada, por ejemplo, entró hace tres meses y ya es coordinador. Y va por más. Nosotros asentimos. Se lo ve decidido y firme. Es de Ramos Mejía o de Almagro o de San Martín, igual que yo. Me lo imagino en un boliche, un sábado a la noche, chamuyándose a una rubia que sonríe y tiene brillitos en la cara y vive en Olivos, de donde nunca va a salir.
—Contame —dice cuando termina su monólogo—, vos decís acá que te gustaría tener un auto…
—Me encantaría —digo yo que no sé manejar.
—Sos fierrero, como yo —acota el del cigarrillo en la boca.
Sonrío. Qué más voy a hacer. Cruzamos algunas palabras más. Playmobil es más ambicioso que yo: quiere una casa con pileta. Cómo no se me ocurrió a mí también. Claro que la quiero. Y además un ovejero alemán y una cortadora de pasto estilo tractorcito, de ésas que usan en las películas. Basta con desearlo, todo puede ser. Los dos tipos nos siguen preguntando como si cada uno de ellos fuera el Principito al revés. No jodamos, todos queremos lo mismo, dice.
—Yo quiero tener empleados a cargo —confiesa un pibe de dieciocho o diecinueve años que entró con nosotros a la entrevista.
—Hay gente que sirve para el liderazgo y gente que no —asienten nuestros dos entrevistadores a la vez.
Éste nos pasó por encima, pienso.
—¿Así que estudian filosofía? —pregunta el del cigarrillo con una sonrisa de asombro, al leer los formularios que entregamos.
Se nos haría difícil, si nos preguntaran, explicar por qué seguimos esa carrera. Pero el interrogante queda en el aire sin que nadie lo formule. Ya está bien, parecen decir. Nosotros los llamamos entre hoy y mañana. Quédense tranquilos, gracias por venir. Nos dan la mano, firmes, y ya estamos en la calle otra vez.
Ninguno habla. Se está haciendo tarde, tenemos clase a las siete.
—No nos van a llamar.
—¿Vos qué sabés?
—Mañana salimos de vuelta.
—No puedo mañana. Viene mi tía de Alemania.
—Bueno, pasado.
—Vemos.

Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Hola!
increible leer tus relatos! Me senti taaan identificada, desd eque te alcance con el cuento de Mairal, hasta tu cuento de búsqueda laboral.
Año 96, mi amiga Magggie y yo salimos en la misma recorrida que Ustedes, por supuesto, cien Cv entregados y ni un telefono sonante en la mitad de un día de búsqueda, me raye, colgue a miu amiga y me fui a hacer tatuaje. De ahi derecho ala facultad de Letras, a seguir con lo empezado!

El destino despues me llevo por otros lados, pero es una epoca que no olvido jamas!

Nueva fan del Blog! y es la primera vez que escribo en uno jajaja!
Besos

Magdalena | 13-02-2006 12:21:18

Hola, gracias por el comentario, me alegro mucho de que te haya gustado el blog y de que te hayas decidido a escribir. Y sí, de esas búsquedas laborales hubo muchas, todas sin sentido. Supongo que hoy en día no habrá cambiado tanto la cosa, excepto por ese exitismo furibundo que les gustaba exhibir a algunos, que tal vez haya mermado un poco... pero nunca se sabe.

Dragón del mar | 13-02-2006 13:28:33

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