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Dragón del Mar

Martes, 07 de febrero de 2006

Cuaderno de viaje

Alguna vez hablé de mi viaje iniciático a Europa, ese viaje menemista que algunos pudimos hacer. El otro día, leyendo mails viejos en el archivo, me encontré con el que reproduzco acá abajo. La evidencia es contundente: efectivamente, no visité ningún museo y mis actividades culturales fueron un cero absoluto, más allá de leer a Kerouac y algunos libros más comprados en un Fnac de Barcelona, al inicio del viaje.

Queridos Facu y Lucas:

Antes que nada, les agradezco el mail que me mandaron. Me cagué de risa leyéndolo, y hasta me dieron ganas de estar allá. Ahora estoy en Munich, todavía disfrutando de los 25 grados bajo cero de anoche. Por suerte salió el sol y no hay ni una nube a la vista. De los alemanes lo que más admi-ro es la manera en que chupan cerveza. Pero es comprensible: te tomás un litro a las 10 de la matina y no sentís el frío.
Antes de Munich estuve en Viena, y antes en Budapest. De esta ciudad las que me maravillaron fueron las mujeres. Sin dudas, las más lindas del mundo. Por desgracia ninguna hablaba inglés, alemán, español o algún otro idioma del universo conocido. Una noche salí con un irlandés y un argentino que conocí en el albergue. Nos fuimos a un boliche onda techno-fascistoide del que hubiéramos huido a los cinco minutos de no ser por las tremendas minas que había. Como no podría haber sido de otra manera, fracasamos con todas. Pero ojo! No porque nos rebotaran, sino porque no entendían un carajo de lo que les decíamos (y viceversa, claro). A eso de las cuatro, con una calentura de la puta madre, nos ausentamos del boliche. El albergue quedaba a unas veinte cuadras y hacia un frío de la putamadre nuevamente. En eso, pasamos frente a un bar de esos en que bailan minas en bolas. El irlandés, mas borracho que Galtieri, insistió en entrar. Yo no puse objeción.
Llegado este momento del relato, es necesario hacer una aclaración: en Hungría, como en todos los países ex comunistas, todo el mundo esta cagado de hambre. Es infernal la diferencia que hay entre países como Alemania o Austria y Hungría, que queda a menos de dos horas de tren. Ni bien puse un pie en la estación, me llenaron de folletos recomendándome tener cuidado en todos lados: en las estaciones, en el subte, en los restaurantes, por la calle. En todos lados trataban de cagarte de alguna manera. Como todos sabemos, además, Budapest es la capital europea del porno. Ahora bien, en los folletos que me dieron no advertían acerca de los lugares con minas en bolas, y yo estaba tan caliente que esa sola omisión me pareció suficiente como para entrar al lugar.
Adentro, un señor muy coqueto nos atendió en inglés y nos pidió que dejemos las camperas en el guardarropa, cosa que hicimos sin poner objeción. Acto seguido, el señor nos informó que la entrada al lugar costaba 50000 forints, o sea, unos 25 dólares. Al ver nuestra cara de espanto, el tipo bajó el precio a 20000, y como nuestro espanto no aminoraba nos dijo amablemente que, por ser nosotros, nos iba a dejar entrar gratis.
Así que entramos, felices de habernos ahorrado tamaña suma de dinero. El lugar era un bar chiquito (absolutamente vacío) con una rubia infernal bailando en un pequeño escenario. Nos sentamos a una mesa, felices de ser hombres y estar en un país tan asquerosamente putañero como Hungría. En eso un mozo nos acerca el menú. La cerveza más barata costaba 50000 forints. Nos levantamos automáticamente pero, oh sorpresa, otro señor nos dijo que no podíamos retirar nuestras camperas sin abonar la misma suma. A las puteadas con Dios y con el mundo, no nos quedo otra que garpar.
¿Y ustedes? ¿Cómo la están pasando? Espero que muy bien. Los dejo porque se me acaba el tiempo.
Un abrazo,
Sebastián

Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (5) | Referencias (0)

Comentarios

Hola que tal?, interesante el blog!, nos leemos, saludos,


JD

Dinobat | 07-02-2006 16:16:49

el menemismo era total; lucas y yo le escribíamos a sebastián desde un qosco lleno de camisetas de estudiantes y rosario central. Yo descubría que existía internet y que se podía sacar un mail gratuito. Recuerdo la conversación rídicula, hoy en día:
- ¿Y?¿te vas a sacar un mail?
- Sí, no sé, tengo que ver. ¿Hay que pagar algo?

playmobil hipotètico | 07-02-2006 17:27:50

Otra mucho más reciente sería:
-¿Te vas a poner un blog?
-No sé... ¿Es gratis?
Más allá de eso, y a riesgo de que esto se vuelva mucho más banal aún de lo que era en un comienzo, me pregunto... ¿Cómo pudimos creer, aún los que nos jactamos de ser un poco críticos, que al menos una parte de todo eso era real? Y dejo la pregunta acá porque sé que no tiene sentido y además se me ocurrió otro post sobre el tema.

Dragón del Mar | 07-02-2006 19:40:54

Hola, desde hace un mes más o menos que te leo y esta es la primera vez que te escribo porque me has hecho recordar, con cierta nostalgia, mi primer chat. Eran los años 90 y con suerte sabía mandar un par de mails. En aquel momento vivía en Córdoba y mientras que respondo algunos correos, me llega uno de un amigo, que vivía en España, que en el asunto me decía.."Negra, sabés como se chatea?".
No puedo explicar la desesperación que me agarró. Empezamos a chatear por el asunto hasta que él decidió armar una sala de chat en yahoo. Yo no entendía nada y jamás pude entrar… chateamos como dos horas .. hasta que cerraron el cyber y me fui con un poco de nostalgia a donde paraba en aquel momento. Estaba feliz, había chateado por primera vez … En realidad la historia es un poco más larga y debo reconocer que me produce cierta "ternura" al saberme feliz en mi ignorancia..
Bueno, por ser la primera vez que te escribo creo que no dolió tanto… te sigo leyendo,
saludos,

La Turka | 13-02-2006 16:52:26

Hola! Me alegro de que te hayas decidido a escribir (y sobre todo que no haya dolido). Esos primeros chats, a la luz de lo que vino después, son sin duda memorables. Recuerdo, en el año 93 o 94, cuando con un amigo, a través de nuestros muy precarios modems, interconectamos nuestras pc´s por primera vez. Usábamos un programa que corría bajo DOS y la pantalla se veía en negro hasta que, de repente, empezaron a titilar las letras en el monitor. ¡Emoción! ¡Estábamos chateando por primera vez! Pero a los diez minutos, pasada la novedad, dejó de ser divertido y volvimos a nuestras conversaciones teléfonicas de siempre. Hasta la llegada de internet, un par de años después, no volvimos a chatear y no lo extrañamos en ningún momento.
Gracias por el comentario y saludos por allá también.

Dragón del mar | 13-02-2006 17:11:39

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