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Miércoles, 23 de noviembre de 2005
Un joven poeta se destaca —entre sus amigos— como biógrafo de escritores ignorados. Rescata algunos nombres de un viejo catálogo del Centro Editor de América Latina y a partir de allí inicia sus pesquisas. Encuentra a X, Y y Z, tres viejos escritores cuyos libros jamás se volvieron a editar. X es cuentista, vive en Formosa, fue docente y ahora vive de su jubilación y del dinero que le pasan sus cinco hijos, que se dedican al comercio en la capital de la provincia. En X, el joven poeta descubre a uno de los escritores regionales más genuinos de la literatura argentina contemporánea. El viejo ya no escribe pero basta esa antigua y olvidada colección de cuentos para que el joven poeta se ponga a trabajar. Recoge datos, investiga el contexto histórico y realiza un profundo análisis de su obra narrativa. Algo escéptico, X colabora con su biógrafo y le entrega material inédito y algunas anécdotas de su breve paso por la capital.
—Conocí a Borges —dice.
Bastante pronto, el joven poeta descubre que en la biografía de X no hay mucho que narrar. Sus párrafos discurren largamente sobre el paisaje y la idiosincrasia formoseñas, provincia que visita con frecuencia. Se detiene en los personajes que tuvieron alguna relación con la vida de X, en sus experiencias individuales, y cuando termina el libro percibe en sus propias líneas una similitud extraordinaria con las narraciones que el propio X publicó alguna vez en su único volumen de relatos.
A partir de entonces, durante algunos meses, se dedica a recorrer con su libro las editoriales del país. Pero ni siquiera en Formosa hay gente interesada en publicar la biografía de X. Nadie lo conoce y los editores ni siquiera se toman la molestia de leer el original.
Un año después, tras varios meses de intensa terapia psicoanalítica, el joven poeta se dedica a un nuevo emprendimiento. Esta vez se trata de escribir la biografía de Y, un viejo poeta amigo de Tuñón y Nalé Roxlo, que supo trabajar como redactor de los horóscopos en el diario Crítica. Y murió hace más de veinte años, pero uno de sus hijos todavía vive y le entrega al joven poeta tres carpetas llenas de poemas inéditos.
—Era un hombre de una enorme humildad —dice el hijo de Y.
—Claro que sí.
—Conoció a Borges.
—Ajá.
La poesía de Y es austera pero intensa. No se inscribe en ninguna de las corrientes literarias de la época. A diferencia de X, intentó ser publicado en numerosas oportunidades y sólo tuvo éxito en su vejez, cuando el Centro Editor de América Latina publicó una breve colección de sus poemas. El joven poeta lo considera un outsider y es desde ese punto de vista que redacta su biografía. Se identifica con él hasta tal punto, que algunos capítulos están redactados en verso con un estilo similar al de Y. Pero la biografía corre la misma suerte que la de X. A nadie la importa la vida de un poeta desconocido.
Dos años después el joven poeta realiza otro intento. Ésta vez se trata de Z, un novelista cordobés que abandonó la literatura y se dedicó al comercio de alfajores regionales. El joven poeta lo llama por teléfono.
—Usted fue un escritor admirable —le dice.
—Conocí a Borges —responde él.
Dice algo más, pero el joven poeta lo manda a cagar.
Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (0) | Referencias (0)