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Jueves, 17 de noviembre de 2005
Diecisiete años en un cementerio privado y para qué. El cadáver que endulzó mi adolescencia no se movió un milímetro de ahí. Mañana lo pasan a una fosa común. Sus huesos sordos y solemnes vuelven a la luz.
Era buen tipo, dicen. Nos quisimos. Me dejó un reloj, algunos libros, me enseñó a leer. Yo me dedicaba a Julio Verne mientras él leía a Chandler, a Soriano, a Roberto Arlt. Creía en la revolución pero yo era chico. De eso me enteré después.
Por: Sebastián Robles | General | Comentarios (3) | Referencias (0)
juli | 21-11-2005 18:15:21
wendy_nyc | 30-12-2005 16:38:41
Great White Wonder | 25-01-2006 19:27:36